Conversaciones Claroa 02: Crear desde Alicante

La segunda edición de Conversaciones Claroa reunió a artistas y profesionales del sector cultural para hablar de territorio, creación y mercado. Un encuentro sobre las posibilidades de desarrollar una carrera artística desde Alicante y los retos de una escena que busca ampliar sus horizontes.

El pasado 8 de octubre, Claroa Gallery celebró la segunda edición de Conversaciones Claroa, bajo el título Crear una carrera artística desde Alicante. Alrededor de una misma mesa se reunieron artistas de distintas generaciones, galeristas, docentes y gestores culturales para abordar una cuestión compartida: qué significa crear aquí y hasta qué punto el lugar donde vivimos condiciona nuestras oportunidades.

Participaron Xavi García, Perceval Graells, Aurelio Ayela, Ilda Caeiro, Javi Moreno, Alfonso Sánchez, Miguel Bañuls, Miriam Martínez, Begoña Martínez, DIMASLA, Roice 183, Cayetano Ferrández, Kribi Heral, Juan Fuster y Alba Ferrández.

La conversación comenzó hablando de luz y terminó hablando de mercado, instituciones, redes sociales y proyectos de futuro. Entre ambos extremos apareció una idea recurrente: Alicante ofrece buenas condiciones para crear, pero no siempre para desarrollar una carrera.

La luz, el paisaje y todo lo demás

¿Pintaríamos lo mismo si viviéramos en Madrid, Berlín o Nueva York? La pregunta abrió el primer bloque y dio lugar a posiciones bastante diferentes.

Aurelio Ayela defendió la influencia del Mediterráneo en su trabajo. Habló de una luz capaz de suavizar los contrastes, presente en sus composiciones y espacios blancos, y relacionó la cultura mediterránea con el movimiento, el baile y una tradición de apertura hacia otras culturas.

Perceval Graells, que ha desarrollado proyectos en distintos países, reconoció esa misma influencia. Aunque cada lugar aporta nuevas experiencias, hay algo del territorio de origen que permanece. Incluso trabajando lejos de Alicante, ha descubierto una tendencia a buscar determinadas condiciones de luz y atmósfera.

Para Xavi García, las horas de luz natural, la energía del clima y una forma de vida más abierta se trasladan a su pintura a través del color y las texturas, aunque su obra haya evolucionado hacia planteamientos más intimistas.

Pero la influencia del entorno no siempre se manifiesta por afinidad. Kribi Heral explicó cómo los azules y verdes que observa desde su estudio han estado presentes en su trabajo, aunque en ocasiones ha sentido la necesidad de alejarse deliberadamente de ellos. Una reacción frente a una estética demasiado familiar que, paradójicamente, confirma hasta qué punto el territorio condiciona sus decisiones.

Algo parecido sucede con Roice 183, cuya trayectoria parte del graffiti. Mientras que su trabajo urbano utiliza colores saturados y fuertes contrastes, en su pintura de estudio busca conscientemente otros registros cromáticos. El artista no siempre reproduce lo que le rodea; a veces necesita distanciarse de ello para encontrar su propio lenguaje.

Javi Moreno, decano de la Facultad de Bellas Artes de Altea, propuso ampliar la mirada. El territorio no es solo paisaje, luz o color. También son los barrios donde crecemos, los espacios que transitamos y nuestras circunstancias sociales. Recordó cómo los descampados de su infancia habían influido en su trabajo y planteó que la creación siempre parte de una experiencia situada.

Miriam Martínez vinculó la práctica artística con la observación de la naturaleza y la experiencia personal, además de explicar como su trabajo en diferentes partes del mundo había influido de forma clara en su obra. Por otro lado DIMASLA, el colectivo formado por Diana Lozano y Álvaro Jaén, habló de un entorno que interviene directamente en la obra, modifica los materiales y obliga al artista a aceptar resultados que no controla completamente.

No todos compartían la necesidad de buscar una identidad territorial. Cayetano Ferrández cuestionó que pudiera reconocerse la procedencia de un artista simplemente observando su obra. Sus verdaderos referentes pueden encontrarse a miles de kilómetros y resultar mucho más determinantes que el paisaje inmediato.

Miguel Bañuls fue igualmente crítico con las etiquetas geográficas. En un contexto de circulación constante de imágenes e influencias, hablar de arte mediterráneo o alicantino puede terminar convirtiéndose en una clasificación demasiado estrecha.

En esta misma línea, Ilda Caeiro, técnica de Cultura de la Universidad Miguel Hernández, cuestionó la existencia de una etiqueta reconocible de arte contemporáneo alicantino. La diversidad de prácticas y referencias hace difícil identificar una estética común y tampoco sería necesariamente deseable.

El Mediterráneo influye, pero no determina. Puede aparecer en el color, en los materiales, en la memoria o incluso en la voluntad de distanciarse de sus tópicos.

Un buen lugar para crear. ¿Y para vivir del arte?

El segundo bloque trasladó el debate al terreno profesional. ¿Supone una desventaja desarrollar una carrera artística desde Alicante frente a hacerlo desde Madrid o Barcelona?

Aparecieron enseguida las ventajas de vivir aquí: estudios más accesibles, menores desplazamientos, tranquilidad y una calidad de vida difícil de encontrar en las grandes ciudades.

Aurelio Ayela resumió esa contradicción al señalar que Alicante es un lugar excelente para producir, pero mucho menos favorable para difundir y vender. La concentración de galerías, coleccionistas y profesionales en determinados centros culturales sigue teniendo un peso importante.

Xavi García aportó un ejemplo personal. Su galería madrileña le ha planteado en varias ocasiones la posibilidad de trasladarse a Madrid para facilitar las visitas de coleccionistas a su estudio. Vivir en Monóvar le permite trabajar en unas condiciones magníficas, pero también le mantiene alejado de buena parte de las relaciones profesionales que se generan alrededor de inauguraciones, ferias y encuentros informales.

Frente a esa visión, Alfonso Sánchez, artista y director de Claroa Gallery, defendió las posibilidades que ofrecen las redes sociales. Un artista puede hoy construir una audiencia internacional desde su estudio y despertar el interés de galerías extranjeras sin depender exclusivamente del mercado de su ciudad. Cuanto más singular es una propuesta artística, más importante resulta ampliar su público potencial.

DIMASLA compartió experiencias de contactos y proyectos internacionales surgidos a través de las redes, aunque insistió en que las relaciones digitales necesitan, en muchos casos, trasladarse después al encuentro físico.

Begoña Martínez, fundadora de la Galería Aural, aportó la perspectiva del mercado. Su experiencia en ferias internacionales permitió recordar que buena parte de la actividad comercial de una galería se desarrolla lejos de su sede. Las ferias no son únicamente lugares de venta: alrededor de ellas se construyen relaciones con coleccionistas, visitas, encuentros y una actividad cultural que contribuye a consolidar el mercado.

También recordó que Alicante llegó a contar con un tejido de galerías más amplio y que hubo intentos de colaboración entre ellas. La desaparición de buena parte de esos espacios ha debilitado un ecosistema que necesita continuidad y cooperación para funcionar.

Ilda Caeiro introdujo un matiz importante: Instagram puede funcionar como un porfolio accesible desde cualquier lugar, pero no sustituye el trabajo de moverse, establecer contactos y participar en los circuitos donde se genera actividad. También señaló una particularidad del contexto alicantino: aquí el ocio está mucho más vinculado a la playa y la vida al aire libre que a visitar museos y galerías. El problema no es únicamente la falta de espacios, sino la ausencia de determinados hábitos culturales y de un ecosistema capaz de convertir el arte contemporáneo en parte de la vida de la ciudad.

La dificultad se hace especialmente visible al comienzo de una trayectoria. Kribi Heral, que compagina su práctica artística con el montaje de exposiciones, puso rostro a una realidad frecuente: la necesidad de desarrollar actividades complementarias para sostener la creación.

La cuestión no era únicamente dónde resulta más fácil vender, sino cómo mantener una práctica artística durante los años necesarios para consolidarla.

Lo que Alicante todavía tiene pendiente

El último bloque se centró en qué puede hacerse para mejorar la proyección de los artistas alicantinos.

Se puso en valor Open Studios Alicante, una iniciativa que alcanza este año su cuarta edición con la participación de casi un centenar de artistas. El proyecto ha contribuido a abrir los talleres al público y a dar visibilidad a una comunidad creativa que habitualmente trabaja de forma dispersa.

Durante la conversación se planteó la posibilidad de evolucionar esta fórmula hacia propuestas más comisariadas, capaces de presentar el trabajo de artistas alicantinos con trayectorias consolidadas ante públicos profesionales, coleccionistas y agentes culturales de otros territorios. No se trataría de sustituir el modelo actual, sino de ampliar su alcance.

Juan Fuster, artista y gestor cultural, señaló que empiezan a aparecer algunos brotes verdes. Junto a iniciativas como Claroa Gallery, espacios que no son galerías convencionales, como Quo y Volta, organizan exposiciones periódicamente y ofrecen nuevas oportunidades a los artistas de la provincia. Pequeños proyectos que, sumados, contribuyen a recuperar actividad y generar nuevos públicos.

También se habló de la necesidad de fortalecer las relaciones entre artistas, galerías e instituciones, así como de mejorar las condiciones profesionales del sector.

Miguel Bañuls reclamó un mayor respeto institucional hacia el trabajo de los artistas. Recordó situaciones en las que se espera que sean los propios creadores quienes asuman gastos y responsabilidades que deberían corresponder a la organización de una exposición.

El debate abordó asimismo la fiscalidad, el Estatuto del Artista, las ayudas a la producción y la necesidad de que las artes visuales ocupen un lugar más relevante en las políticas culturales.

Entre las nuevas iniciativas, Alfonso Sánchez anunció un programa de residencias para artistas alicantinos que Claroa Gallery pondrá en marcha en enero de 2027 y que se desarrollará en Claroa Backstage, el espacio de la galería destinado a proyectos y procesos de creación.

Hubo también una coincidencia en la importancia de seguir generando conversación alrededor del arte que se hace en Alicante. Encuentros como Conversaciones Claroa, junto con la construcción de alianzas con críticos, prensa especializada, comisarios e instituciones, pueden ayudar a que los proyectos locales encuentren mayor proyección.

La discusión dejó claro que no existe una única fórmula. Algunos defendieron la necesidad de acercarse a los grandes centros culturales; otros insistieron en aprovechar las herramientas actuales para trabajar desde Alicante y conectar con el mundo. Ambas estrategias pueden convivir.

Crear aquí, trabajar en cualquier parte

Conversaciones Claroa 02 dejó una imagen reconocible del panorama artístico alicantino: artistas con lenguajes y trayectorias muy diferentes, buenas condiciones para trabajar y una red de oportunidades todavía insuficiente.

Alicante no necesita que todos sus artistas compartan una identidad estética. Pero sí necesita espacios donde encontrarse, proyectos capaces de conectar sus trabajos con otros contextos y una relación más estrecha entre creación, instituciones, galerías y públicos.

La posibilidad de desarrollar una carrera desde Alicante existe. Varios de los participantes llevan años haciéndolo, con recorridos y estrategias muy diferentes. Y aunque todavía queda mucho por construir, empiezan a surgir iniciativas que apuntan hacia una escena más activa y conectada.

La conversación terminó con la intervención de Alba Ferrández, la artista más joven de la mesa, que compartió las incertidumbres que le genera imaginar un futuro dedicado a la creación artística. Las dificultades, la inestabilidad y las dudas forman parte de ese horizonte, pero también la convicción de que, pese a todo, merece la pena intentarlo.

Quizá esa sea una buena manera de cerrar una conversación sobre el futuro del arte en Alicante: sin certezas ni soluciones fáciles, pero con suficientes motivos para seguir creando y trabajando juntos.

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